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(… en memoria del Papa Benedicto XVI, quien, eclesialmente, me abrió la puerta de la fe …)

El mar de la historia, es también el rumbo del corazón humano; no es un estanque, es un escenario convulso, de tensiones, corrientes de injusticia y vientos de cambio. En el pasaje evangélico de Marcos (6, 30 – 34) encontramos a Jesús con el grupo de sus discípulos en los trajines de su misión, comunitaria y pública de proclamar la buena noticia de dignidad y trascendencia humana, y ciertamente se iban a retirar a un lugar apartado a descansar; sin embargo, la multitud, literalmente los persiguió y se ponía delante de ellos.

Entonces Jesús sintió compasión por ese gentío, al cual nos parecemos hoy en el año 2026, ante la urgente necesidad de rumbo que tenemos como nación, descubriéndonos como ovejas sin pastor, en la próxima contienda electoral en Colombia. En el curso de la vida de cada uno, podríamos pensar en el justo descanso tras una extenuante jornada; sin embargo, en el camino de Jesús no es así, más bien ante la necesidad urgente de rumbo de un gentío de la nación que concurrirá a una pronta contienda electoral en mi país; él se moviliza, se compadece y se pone a ¨enseñarnos muchas cosas¨.

Como cristianos católicos, nos resistimos a hacer de la fe un escondite para ignorar la tempestad; más bien nos lanzamos al arte de una praxis sociopolítica por una ruta distinta: las Bienaventuranzas de Jesús de Nazareth. Así se constituye el programa educativo de las Bienaventuranzas de Jesús, en el Sermón de la montaña, como un compromiso por el que optamos como seguidores de su camino, para que la fuerza liberadora y novedosa de su buena noticia, le dé plenitud de cambio a este mundo.

El pasaje de Mateo (5, 1 - 12 a) nos describe muy bien el actuar de Jesús ante el gentío, al ponerse en una parte alta y empezar a enseñarles las 8 Bienaventuranzas. ¿Cuál es este programa educativo de Jesús, para un gentío electoral, que en última instancia no vota meramente por personas (aunque ellas son quienes encarnan pensamientos, ideologías y sistemas) sino por la elección de rumbo de un pueblo y nación?

Las Bienaventuranzas para la nación, como conglomerado de diversidad de intereses y de múltiples universos sociales, motivan e inspiran algunas claves de convergencia y pautas de encuentro y coincidencia:

  • Desde la pobreza de espíritu (entendida no como falta de carácter, sino como humildad), brota la soberanía de una dignidad humana innegociable e incorruptible.
  • Desde el hambre y sed de justicia, se hace posible la actitud recta y la voluntad férrea de la defensa, protección, asistencia y promoción de los más pobres y vulnerables.
  • Desde la fuerza de la mansedumbre, el lanzamiento de una política de la misericordia para la acogida y la escucha activa, mediante procesos reconciliatorios de perdón social, efectiva rehabilitación humana y compasión por el adversario.
  • Y desde la limpieza de corazón y de las manos laboriosas de paz, ser un horizonte entretejido de praxis y de esperanza, que encarna bienes trascendentes en el aquí y ahora, en medio de las situaciones más contradictorias y lamentables de nuestra realidad cotidiana.

En el pasaje de Lucas (10, 1 – 9) vemos al grupo de Jesús prosiguiendo con su campaña; por pueblos, caseríos, calles, cruces de caminos, proclamando y enseñando que: ¨el reino de Dios ha llegado (…)¨. Los vemos encarnando, haciendo suya, movilizándose, poniéndose en camino para hacer realidad dicha consigna, que, desde cierta mirada distraída, puede parecer extremadamente etérea, romántica, utópica, idealista, retirada, aislada y lejana en un futuro fantástico e irrealizable que nunca llegará.

Adicionalmente Jesús no les oculta que dicho obrar será extenuante, y muchísimas veces ingrato y aparentemente infértil, sin embargo, les da la dignísima categoría de obreros, con unas funciones y responsabilidades, de bien comunitario y paz social, clarísimas; donde la primera gran victoria de soberanía de dicho reino, es la dádiva generosa y justa que cada uno va haciendo de sí mismo, en la entrega diaria y personal, en el anonimato y entrega cotidiana en el buen oficio de promoción del más pobre, vulnerable, marginado, del que no encaja, ni luce, del enajenado, del poco o para nada exitoso, los que al parecer van en contravía de un mundo cultural de progresismo, hedonismo, culto extremo al cuerpo, de superfluos gestos aromáticos de pretendida autorrealización y magnanimidad humana vanidosa, de mirada cebosa que obstruye la posibilidad de encarar las propias inequidades de un egoísmo autocomplaciente de ¨likes¨ y ¨seguidores¨.

Seguramente el reino de Dios ha llegado, pero no nos percatamos de ello, más bien creemos furibundos lo contrario, que el adversario de Dios ya ha vencido y debemos doblegarnos; nos gana el miedo, la desidia, el escándalo y el cansancio; sucumbimos o caemos en el campo de batalla incluso antes de empezar el combate e incluso nos rendimos antes de empuñar las armas, dadas por la fe y nuestros antepasados, y que yacen casi oxidadas junto a nosotros, en las posibilidades que perdemos en el diario vivir de enarbolar en un grito jubiloso y unánime de ¡Bienaventuranza!:

¨Aquí estamos, desprovistos de mucho y carentes fervorosos, pero sedientos y hambrientos de justicia con los dientes rotos; con manos obreras exigidas, muchas veces raídas por la opresión de la tarea diaria y necesaria, siendo cristos en la paciencia, que engendra la verdadera perfección humana, probada en la inmolación personal, muchas veces, para hacer posible la paz y la concordia en nuestros entornos, con nuestros más próximos; pues más que de una política estatal idolatrada, la justicia social brilla y se desata en la dádiva y generosidad del gesto humano reconciliado consigo y con el hermano, y no bajo el decreto impuesto y vociferado¨.

Vivir las elecciones al Congreso y a las consultas a la Presidencia, en clave de Bienaventuranzas, es superar la aparente encrucijada del escepticismo y el abstencionismo. Como pueblo cristiano católico nuestra condena es la esperanza: la urgencia de elegir una senda jubilosa; más allá de la elección de personas, partidos políticos o movimientos significativos de ciudadanos, participemos por las vías legítimamente institucionales, para elegir un rumbo que nos permita afirmar, siempre, con coherencia de vida que: ¨el reino de Dios ha llegado a nosotros¨, llevando siempre a la victoria, ahora más que nunca necesaria, el programa y criterio sociopolítico, de las Bienaventuranzas.


Por: Mauricio Andrés Salazar Ocampo.

http://maurosalazar.com/

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¿Católicos: abdicar de la política?

Nunca jamás: la sociedad no se doblega a la política.

Excúsenme insistir en el tema, pero asisto pasmado, por una parte, a la negación en la que muchos católicos caemos ante el caos y el escándalo profundamente moral de la escena social y política; y por otra, ante las contradictorias posturas de opinión y de opciones de vida que adoptamos como católicos en contravía negacionista de nuestra propia doctrina y fundamentos de fe.

Décadas atrás, siendo un joven de 18 años, aún recuerdo qué pensamiento me llevó a alejarme de las formas de la Iglesia: fue un domingo en que asistí a la homilía de la parroquia de mi barrio en una comuna oriental de la ciudad de Cali, y concluí que el pueblo católico era aquel que afirmaba desde el púlpito un discurso o evangelio que no llevaba a la práctica ni a la vida. Este pensamiento coincidía con mi ingreso al programa académico de Sociología de la Universidad del Valle, en dicha ciudad; lo cual me llevaría por un rumbo que tuve que corregir, pero esto es parte de otra historia (Tengo un proyecto de publicación denominada: “Mi conversión política”).

Tras varias décadas después, retorno a mi madre y maestra la Iglesia Católica, para beber de su riqueza intelectual, la cual era invisible para aquel joven existencialista que optó por modelos materialistas comunistas de comprensión de la vida y de la sociedad, sin darme cuenta que cercenaba mi sed y anhelo de trascendencia, sin la cual cualquier pretendida praxis social por la justicia terminará siendo un tribunal inmisericorde sin caridad humana.

Parte del escándalo moral del ámbito político es el desencadenamiento de acciones violentas, que peligrosamente pueden justificarse como reivindicaciones de los sujetos sociales. En esto la importancia de darle su merecido valor a la sociedad civil en sus múltiples demandas de derechos, haciendo del Estado o de la comunidad política ese garante de justicia por vías pacíficas, en lo posible.

Igualmente, el mercado sin vigilancia ni injerencia absoluta puede redundar en desconocimiento de las necesidades humanas de una población, o en particular de los más vulnerables por su reducida capacidad adquisitiva o de acceso a recursos económicos, que les garantice posibilidades de un desarrollo equitativo e integral.

Por tanto, para hacer frente a dichos desbalances ante la vulnerabilidad posible de la sociedad civil frente a la comunidad política o el mercado, emergen acciones de voluntariado y cooperación que delinean respuestas que pueden superar las lógicas de la alta conflictualidad y de la competencia sin límites, hoy predominantes; superando divisiones ideológicas e impulsando la búsqueda de lo que une más allá de lo que divide. Así la sociedad civil puede llegar a considerarse como el lugar donde siempre es posible recomponer una ética pública centrada en la solidaridad, la colaboración concreta y el diálogo fraterno, donde todos miremos con confianza estas potencialidades y colaboremos personalmente para el bien de la comunidad en general y en particular de los más débiles y necesitados (Sr. Card. Martino, 2002, numeral 420 — COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, 2004).

En esto consiste la subordinación de la comunidad política a la sociedad civil, y no a la inversa, según el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.

El comportamiento de la ciudadanía frente a procesos electorales suele manifestar, por un lado, la abstención a ejercer el voto por escepticismo frente a la injerencia efectiva de dicha participación; por otra parte, es la desinformación o las fobias o simpatías emotivas las que conducen el dictado de la voluntad ciudadana. En otras situaciones es el voto movido por la red clientelar de tal o cual candidato, o la amenaza de los actores armados ilegales que llega a constreñir dicho derecho con la amenaza a la propia vida o a la no dispensación de contrataciones, beneficios o favores a una sociedad civil mayormente inerme y en desventaja frente a estas dinámicas.

¿Por qué debiera avergonzarme de buscar imitar modelos de bondad o de bien común cristiano?

¿Me azota acaso el imperativo de supuesta libertad moderna que me lleva al máximo relativismo de normas y valores y a un hedonismo personalista en las pautas sociales de comportamiento? (Escobar, 1999, p. 187 — Grandes temas social cristianos, Tomo I).

¿Qué me impide la búsqueda de dichos modelos que opten por el bien común sin atentar contra la vida y la verdad?

¿A qué política somos llamados?

A ser verdaderos obreros de la viña del Padre Bueno, propietario del campo de la vida en el que nos movemos y en el cual somos contratados en distintos momentos; cuando quizás el ocio nos consumía desocupados, sin sentido, ni compromiso.

A ser verdaderos guardianes del bien común, con determinación firme y solidaria, ejerciendo esa cierta paternidad social tan necesaria particularmente en este tiempo, cuando hacen falta padres y nos hacemos responsables unos de otros en el cuidado de la casa común y de las condiciones que posibilitan un efectivo desarrollo humano y social en todas las etapas de la vida (Su Santidad Francisco, 2020, numeral 7 — Carta Apostólica Patris Corde).

Como auténticos católicos, probados en virtud en la maraña del diario vivir, no debemos ni podemos abdicar de una política profundamente humanista, trascendente y solidaria, que opere como faro, legado y acción en la costa tenebrosa de la desesperanza.

Somos ricos en un legado de enseñanzas que nos retorna la dignidad trascendente; abusada, rota y desconocida por desequilibrios de poder en todos los ámbitos.

Y como hijos del Espíritu ardiente, de la luz y de la alegría de nuestro hermano Jesús de Nazareth, abocados estamos a la acción transformadora y palpitante que plasmemos en el quehacer político, orgánico e institucional, por el bien común en lo legislativo, lo económico, lo social, lo cultural y lo administrativo. Acción multiforme a la que nos invita y manda San Juan Pablo II como laicos católicos (EXHORTACIÓN APOSTÓLICA CHRISTIFIDELES LAICI, 1988, numeral 42).

En este sentido, un ámbito privilegiado de orientación a la acción es la educación como campo de cultivo, con énfasis preventivo, para el florecimiento del reinado de Cristo en la sociedad, en instituciones de gobierno acordes a la convivencia cristiana para la justicia, la paz y la vida; donde dicho programa permita la revisión y actualización de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia en nuestro territorio. Y propenda, entre otros temas, por la sostenibilidad ambiental, la productividad digital, la vida y el desarrollo humano, la protección y asistencia social, la preservación de la paz, la promoción de la salud pública, la gestión de justicia y la prevención del delito y la corrupción.

Para ello requerimos ser activos promotores, con las debidas alianzas institucionales, cívicas y gremiales, de la trascendente dignidad de la persona humana en todos los ámbitos: personal, familiar, comunitario, laboral, profesional, cultural y educativo; para superar la dispersión, la desinformación y la incomunicación en instancias tales como la participación ciudadana, propiciando líneas de acción como la asociación, el reagrupamiento, la información, la comunicación, la formación, las veedurías y/o auditorías ciudadanas, el voto consciente, responsable e informado, entre otras.

 

Por Mauricio Andrés Salazar Ocampo.

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Los Comerciantes Risaraldenses al igual que lo que sucede a la mayoría de los empresarios del país y del mundo, fundamentan sus expectativas de desempeño no tanto en una evaluación matemática en la que se proyectan milimétricamente las ventas con base en una trayectoria pasada y en un complejo sistema de regresiones estadísticas, sino que sus actitudes están influenciadas también por el ambiente que se respira en los ámbitos económico y político. Es más, en el corto plazo, las decisiones empresariales se basan además en cuestiones sicológicas y corazonadas.

De acuerdo con la Encuesta Mensual de Fenalco en el Departamento, se ha elevado el optimismo empresarial y por ello la mayoría de los Comerciantes considera que en el segundo semestre de este 2015 sus negocios van a mejorar, al tiempo que se redujeron los que le apuestan al escenario negativo. El 47% de los encuestados confía en que las cosas van a mejorar y el 16% se declara pesimista.

DIFICIL PERO POSITIVO:

No fueron fáciles las cosas para el Comercio en Junio, la Copa América pasó prácticamente inadvertida después de la ausencia de Colombia en la justa deportiva. Ello se reflejó en una moderada actividad de las cajas registradoras.

La percepción de los comerciantes es que en este año la prima prefirieron destinarla en gran medida al pago de deudas y a gastar en educación, que a efectuar compras. Para cumplir sus presupuestos de ventas, los empresarios han sacrificado márgenes y reducido precios para de la misma manera mantenerse competitivos en el mercado pues la mayor oferta y las restricciones económicas han hecho que en todos los segmentos el precio sea un factor determinante a la hora de la compra.

En el reporte de comerciantes ubicados en zonas de alto flujo de turistas; las ventas en el sexto mes de este 2015, estuvieron aceptables por la ocurrencia de tres puentes festivos, a pesar de la austeridad de los consumidores. Para el 38% de los consultados; las ventas expresadas en cantidades aumentaron frente a las del mismo mes del año anterior, para el 42% fueron similares y el 20% reportó disminución. Según lo manifestaron ejecutivos de los comercios retail más representativos consultados por Fenalco Risaralda, en el primer semestre de este 2015 se advirtió un buen comportamiento en las ventas de las marcas propias del distribuidor, que por lo general son mas económicas que las marcas líderes. Este fenómeno se asocia con un deterioro del poder adquisitivo de los hogares, aunque también es un reconocimiento del mercado a la buena relación precio/calidad que tienen los productos de marca propia.

Se mantiene, eso sí, el ambiente optimista entre los comerciantes.
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